“…una
misma esperanza de vuestra vocación; un
Señor…” (Efesios 4:4-5)
3.
Compartimos una misma meta
Más allá
de nuestros anhelos personales, de nuestras ideas, tenemos como cristianos una
esperanza en común que nos une, una meta a la cual apuntar, que es vivir y
transmitir el mensaje de Jesucristo. Cuando nos centramos en ella las
diferencias ocupan un lugar secundario y unimos nuestros esfuerzos para que más
personas conozcan a Jesús.
4. Compartimos
un mismo Señor
Todos
trabajamos para el mismo patrón, no para la competencia. Por ende debemos unir
nuestros esfuerzos, no competir entre nosotros. No debemos dañarnos, ni querer
sobresalir, ni hablar mal de otros porque nada de esto es productivo. Nuestro
deseo mayor debe ser agradar y ser fieles al Señor, y trabajar en equipo con
nuestro hermano.
(Continuará)
Gabriel Fischer
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