“Confiesen
sus pecados unos a otros, y oren unos por otros, para que sean sanados. La
oración del justo es muy poderosa y efectiva” (Santiago 5:16 RVC)
Confesar a otros nuestras cargas y pecados
es muy positivo y sanador. Abrir nuestro corazón en primer lugar a Dios para
buscar ayuda y luego a personas idóneas nos permite comenzar un proceso de
sanidad y restauración. A veces por nuestra personalidad, trasfondo, cultura o
el temor a ser dañados o defraudados nuevamente nos mantenemos cerrados y
tratamos de aparentar con nuestras palabras y gestos que todo está bien.
Lamentablemente esta actitud lo único que genera es que el problema se agudice
con el tiempo. Tenemos que animarnos a hablar, a abrir nuestro corazón, si
queremos ser libres de todo peso que hace que nuestra vida sea triste y sin
esperanza. De esta manera descubriremos que es posible sanar las heridas y
vivir una vida extraordinaria.
Te animo a que no te quedes con tu carga
sino a que busques ayuda para que puedas comenzar un proceso de sanidad en tu
vida.
Gabriel Fischer

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