Tan pronto como Jorán ascendió al trono de su padre y se afirmó en el poder, mató a filo de espada a todos sus hermanos, y también a algunos de los jefes de Israel. 2 Cr 21:4 RVC
“Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder.” – Abraham Lincoln
El poder pone en evidencia nuestro carácter
El poder manifiesta nuestras inseguridades
El poder puede corrompernos
El poder puede ser la ruina para alguien que no tiene resuelto su ego
El poder puede llevarnos a dañar a nuestro hermano
El poder puede llevarnos a la manipulación y al abuso
El poder puede llevarnos a la autosuficiencia y a "eliminar" a todo consejero.
Pero la realidad es que el poder no es el problema, sino que el mismo reside en el corazón del hombre. Poder sin carácter es como un explosivo en manos de un niño.
Cuando hay cosas pendientes en nuestra vida, motivaciones incorrectas, heridas, valores tergiversados, etc. Lo único que hace el poder es traer lo oculto a la superficie.
Por tal motivo podemos llegar a la conclusión de que no está mal buscar poder, liderazgo, crecimiento, pero sí es de suma importancia que la búsqueda del mismo tenga como objetivo beneficiar a los demás y no satisfacer nuestro ego.
Gabriel Fischer
jueves, 10 de noviembre de 2016
martes, 1 de noviembre de 2016
¿QUÉ HAY QUE CORTAR?
En una oportunidad, luego de
haber finalizado su mensaje, una mujer se acerca a su pastor y le dice:
-
Me molesta su corbata. Usted me ofende con esa
corbata tan larga.
El pastor le
responde:
-
Señora, discúlpeme. Enseguida lo resolvemos. Entonces
pidió una tijera, se la entregó a la mujer, y le dijo:
-
Corte la corbata, para que tenga un largo que no
le moleste. Y la mujer la cortó. Luego, tomando la tijera, el pastor declaró:
-
Muy bien, usted cortó lo que le molestaba. Ahora
le digo lo que a mí me molesta: su lengua, señora.
Muchas veces ponemos la atención en ciertas cosas y nos
olvidamos del valor que tienen nuestras palabras. Que importante es que
utilicemos nuestra lengua para bendecir, construir, ayudar al otro y no para
maldecir y derribar.
No caigamos en el chisme, la murmuración, comentarios fuera
de lugar, palabras vanas, la crítica destructiva (a espaldas del otro), a hacer
de las quejas un hábito, a prestar oídos a cosas que dañan nuestra vida y terminan
influyéndonos para también hacer mal uso de nuestra lengua.
Somos llamados como hijos de Dios a ser ejemplos a través de
nuestras palabras, a generar un ambiente de bendición por medio de lo que
decimos.
“Dios el Señor me ha
dado una lengua de sabios, para saber cómo consolar a los cansados. Todas las
mañanas despierta mis oídos para que escuche como los sabios” (Isaías 54:4)
Gabriel Fischer
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